El regreso de la historia

Abner Reyna Salas
22 de Agosto 2018

Abner Reyna Salas

Cuando en 1992 el politólogo norteamericano Francis Fukuyama presentaba al mundo el libro “El fin de la historia y el último hombre”, su tesis parecía la mejor manera de interpretar lo que ocurría en aquel entonces y el porvenir de las sociedades humanas.

La lucha ideológica a través del tiempo arrojaba al libre mercado y la democracia liberal como los triunfadores de toda una serie de conceptos e ideas que buscaron ser el paradigma de desarrollo, siendo la primera vez que esto ocurría en el escenario global. La caída de la Unión Soviética, el triunfo de los norteamericanos con sus banderas de libertad e individualismo, el avance de su influencia en Europa, la adopción del consenso de Washington en América Latina, la globalización económica-financiera y la hegemonía cultural en los medios de comunicación eran destellos de que Fukuyama parecía estar en lo correcto.

A pesar de los avances y el desarrollo logrado por este modelo a lo largo del planeta, caracterizado por el individuo como eje de la comunidad y la economía y un Estado reducido, diversos fenómenos sociales han reavivado la dialéctica hegeliana en torno al fin de la historia.

Si sucesos como “La marea rosa” latinoamericana de la última década, la aparición de los grupos terroristas en Medio Oriente o la crisis financiera de 2008 ya ponían contra las cuerdas la hegemonía del modelo, acontecimientos recientes parecen dar muestra clara del regreso de la historia.

En su reciente conversación en el Tecnológico de Monterrey, el exdirector de la CIA, David Petreus, señaló que el modelo de China, con sus éxitos económicos, sociales y tecnológicos, significa un verdadero antagonista de la fórmula norteamericana.

Por otro lado, en el plano de la conformación social, el Dr. Macario Schettino ha señalado que el modelo se ve amenazado por la aparición de los grupos identitarios que menoscaban al individuo y del neopopulismo que ha salido victorioso en elecciones democráticas alrededor del mundo.

Así pues, prepárense para la nueva lucha ideológica.




 

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