Guardianes de la democracia

Abner Reyna Salas
20 de Diciembre 2018
image

Abner Reyna Salas

“Cómo mueren las democracias”, un libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, académicos de la prestigiosa Universidad de Harvard, se ha convertido en uno de los indispensables en nuestros libreros. No solamente para los propios académicos o el público interesado en la política, sino para todas las personas que viven en un régimen democrático.

En su obra, ambos autores nos presentan señales y advertencias a considerar en los cuales los gobiernos paulatinamente se van convirtiendo en autocracias. Con ejemplos bastante desarrollados desde la toma del poder de Hitler en Alemania tras el incendio del Reichstag o la de Mussolini tras la Marcha sobre Roma en Italia, hasta el Autogolpe de Estado de Alberto Fujimori en el Perú o las maniobras político militares de Hugo Chávez en Venezuela, el libro termina envolviéndote cual si de una novela histórica tratara.

Si bien el libro aborda principalmente el tema del desarrollo de las autocracias una vez en el poder, también considera los momentos, coyunturas y particularidades que van generando un camino fértil al ocaso democrático.

Entre lo destacado y que quizá nos parecerá muy descabellado, sobre todo con todos los escándalos alrededor de la política mexicana desde el surgimiento del sistema actual por allá de la década de los 30, es que los autores señalan que los guardianes de la democracia ¡son los partidos políticos!

Así como lo escuchan, estas organizaciones que muy necesarias para un sistema democrático pero que son tachadas como "agencias de colocación", son las responsables de mantener el orden democrático. Las razones son sencillas de acuerdo al análisis de Levitsky y Ziblatt, los partidos políticos pueden y deben mantener al margen del protagonismo político a los extremistas que puedan llegar a amenazar el modus vivendi. Esto con los métodos internos de selección o generando alianzas que no permitan que dichos movimientos o personajes lleguen a tomar las riendas del país.

De igual manera, sugieren los autores, que en pro de generar mayor civilidad e impedir siquiera que broten los extremistas, los partidos políticos están en el deber de reconocimiento y tolerancia mutua, es decir, reconocer que los proyectos diferentes no significan la muerte o destierro de uno u otro dependiendo de quién esté en turno (claro, en un gobierno democrático).

Me atrevería a agregar al magnífico texto de estos dos profesores, que tanto la sociedad civil como los ciudadanos debemos convertirnos también en guardianes de la democracia, al participar constantemente, al estar atentos a los asuntos públicos, a estar abiertos al diálogo y a proponer lo que convengamos mejor para nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país.




 

Comentarios