Pa’l norte o pa’l sur

Abner Reyna Salas
25 de Julio 2018

Abner Reyna Salas

Una de las incógnitas que giran en torno al próximo gobierno de Andres Manuel López Obrador es hacia dónde priorizará su política exterior en el continente americano, si la Cancillería que encabezará Marcelo Ebrard o la Secretaría de Economía a cargo de Graciela Márquez mirarán a Norteamérica siguiendo la tendencia de los gobiernos neoliberales desde 1988, o se dará un giro de 180 grados hacia el sur, donde se encuentra una América Latina ansiosa de mayor integración, cooperación y protagonismo.

La duda surge naturalmente a raíz de la postura agresiva que el presidente norteamericano, Donald Trump, ha tenido con nuestro país desde que fuera candidato republicano. A pesar de ello, los acontecimientos recientes sugieren que las relaciones AMLO - Trump han comenzado bien, pues la visita del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, y la respuesta afable que dio el mandatario norteamericano a la carta enviada por el tabasqueño señalan, al menos, buena voluntad de ambas partes.

Una buena relación con Norteamérica es esencial por diversos factores, pero hay que destacar los siguientes: de acuerdo al Instituto de los Mexicanos en el Exterior, el 98 por ciento de los migrantes nacionales viven en los Estados Unidos y Canadá, lo que significa una actividad consular gigantesca; integramos como socios comerciales uno de los mayores mercados del mundo con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (casi 500 millones de habitantes), lo que a la vez ha impulsado la inversión, la mejora de la infraestructura de transporte y elevar la calidad en la reglamentación de comercio; en materia de seguridad, el combate al narcotráfico tiene a Washington y a Ciudad de México en la generación de estrategias que fortalezcan a los cuerpos de seguridad en ambos lados de la frontera, tanto en la distribución de drogas como en el comercio ilegal de armas.

Por el otro lado, pareciera que el momento de la integración de América Latina y la oportunidad de México en el proceso se ha ido diluyendo en los últimos años con el retroceso de las fuerzas de izquierda regionales cuyo discurso hacía énfasis en ello. Sin embargo, precisamente el lenguaje soez de Trump reavivó los ánimos de una región que comparte con sus matices y en su mayoría, una historia y lengua común.

México tiene diversos acuerdos de cooperación con los países latinoamericanos a través de Amexcid, tratados de libre comercio con Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Uruguay, así como la formación de la Alianza del Pacífico junto a Chile, Colombia y Perú que más allá del comercio e inversiones permite mayor movilidad. De igual manera, México se destaca en algunos de los organismos regionales más importantes como la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), ya que el secretario General en la actualidad es el mexicano Alejandro de la Peña Navarrete. Así mismo, la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) es la mexicana Alicia Bárcena y el vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo es el mexicano Santiago Levy.

Estos factores, potenciados por el hecho de hablar la misma lengua, de compartir experiencias y de proyectar una identidad como bloque regional hacia el mundo hacen atractiva la idea de que nuestro país vire hacia América Latina y que tome un rol más protagónico y activo en la región, en contraste a la pasividad en Norteamérica por su inherente naturaleza.

México es un país norteamericano por geografía y sociedad comercial, latinoamericano por historia y cultura, no se puede descuidar ninguna de las regiones, Andrés Manuel deberá manejar la política exterior de manera excepcional, balanceando los intereses con canadienses y estadounidenses, así como un posible liderazgo en América Latina.




 

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