La presencia de la ausencia

Homero Ontiveros
31 de Agosto 2018

Homero Ontiveros

Subí al avión rumbo a San Diego con la idea de aprovechar las horas de vuelo leyendo un libro que acababa de llegar a mis manos. En él se relatan historias de personas desaparecidas y reflexiones en torno a esta problemática en México y lleva por título “La presencia de la ausencia”. Antes de comenzar a leer sus páginas el nombre no me decía mucho y no tenía idea de lo que sucedería enseguida.

En mi adolescencia compré un casete de la banda argentina Los Fabulosos Cadillacs que se llama “El León”. Ahí venía incluida una canción llamada “Desapariciones”, que compuso Rubén Blades y, desde que la escuché jamás se me olvidó y nunca la dejé de oír. Se trata de un tema que habla sobre los desaparecidos a causa de las dictaduras que han ocurrido en América Latina, sobre todo en Argentina, pero que bien puede tratarse de cualquier lugar del mundo donde haya personas desaparecidas. Me llamó mucho la atención lo que en ella se cantaba, las historias de Ernesto, Altagracia y Agustín, todos ellos buscados por sus familiares.

Ese fue mi primer contacto que tuve con el tema de los desaparecidos y, a partir de ahí, quise conocer más sobre esos terribles episodios ocurridos durante las dictaduras en Argentina, Chile y Brasil, principalmente, pero siempre lo vi así, como algo que había ocurrido tiempo atrás y en otros países. No sabía, ni me daba cuenta que en México hemos sufrido el mismo problema y desde hace muchos años. Y aún más, nunca me imaginé que esto se recrudeciera en años recientes y mucho menos que pasara de manera terrible en Monterrey.

Es en esta, mi ciudad, donde nacen las historias del libro creado por las Fuerzas Unidas Por Nuestros Desaparecidos En Nuevo León (Fundenl) y publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es un trabajo que se hace en conjunto entre familiares de personas desaparecidas y un equipo coordinador. Este es un libro que se hizo para vencer al olvido, para que la memoria prevaleciera sobre un asunto que nos concierne a todos como sociedad.

Empecé a leer las historias de Roy Rivera, Brenda Damaris, Carlos Alberto, César Guadalupe y otras personas que fueron desaparecidos en el 2011, uno de los años más violentos en la ciudad, y con ellas llegó un huracán de sentimientos, ideas y pensamientos que me sacudió por completo. Pero sobre todo me hizo trizas leer el sentir de los familiares, quienes día a día están con la incertidumbre de no saber dónde están sus hijos, hermanos, padres o sobrinos y lo único que les queda es la esperanza, misma que se convierte en una forma de resistencia.

Conforme leía los relatos me iba descomponiendo. Hubo momentos donde tuve que parar la lectura porque el llanto me ganaba y estaba a mitad de vuelo en un avión lleno de pasajeros. No se trataba de lástima o una empatía pasajera. Se trataba de una herida que dolía porque muchos vivimos esa etapa violenta en la ciudad, porque cualquiera pudo haber sido Ernesto, Gino o Karina. Y sin embargo, seguimos ausentes, perdidos en un sueño donde no pasa nada. 

Algunos de los relatos hacen hincapié en que lo que más duele es la indiferencia de los demás hacia este tema; el pasar de largo y hasta hacer juicios de “seguro andaba metido en algo”. No es otra cosa más que el miedo a reconocer que esto nos pasó a todos y cualquiera pudo haber sido. Si no, hagan un poco de esfuerzo mental y se darán cuenta que todos conocemos a alguien que fue desaparecido, ya sea cercano o no, todos sabemos alguna historia de desaparición. 

Por eso este libro se vuelve necesario, para no olvidar, para no hacer de cuenta que no pasó nada porque aquí sí sucedió algo y, del 2010 a este 2018, se han registrado más de mil 400 desapariciones forzadas en Nuevo León. 

Tenemos que aceptar la presencia de la ausencia y vivir con ella porque mientras la sigamos negando, mientras pensemos que eso sólo les pasa a otros y no a nosotros y no entendamos que existe un problema de desapariciones en la ciudad, en el estado y en el país, en cualquier momento podemos ser nosotros los desaparecidos y nuestra familia quien se enfrente al silencio, la indiferencia y la negación de los demás.


 

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