Netflix y los narcos

Homero Ontiveros
07 de Septiembre 2018

Homero Ontiveros

Cuando la violencia atacó fuertemente al país, entre el 2009 y el 2012, comenzó a generar también una serie de contenidos relacionados con los grupos criminales. A este fenómeno se le llamó “Narcocultura”, que no es otra cosa que exaltar todo aquello relacionado con el mundo del narcotráfico, desde los personajes, la forma de vestir, el estilo de vida y las historias de crímenes; todo ello a través de la música, películas, documentales, libros y series de televisión.

La figura del narcotraficante, así como su actividad criminal, al ser algo ilegal crean un telón que no permite conocer lo que sucede detrás de él pero, cuando este telón comienza a correrse, son muchos los ojos atentos para conocer qué es lo que hay tras la cortina y en ese mundo tan idealizado del narcotráfico. La curiosidad de lo prohibido.

Pero esto no queda solamente en la exaltación a través de la música, las películas o la televisión, sino que trasciende de manera en que la sociedad comienza a emular el comportamiento de los criminales, aunque no se pertenezca a un grupo delictivo, y modifica la percepción de éstos hasta normalizarlo o incluso dotarlo de características casi heroicas. Esto termina convirtiendo a la figura del narco en un elemento de la cultura popular.

Gran parte de estos contenidos, relacionados con temas del crimen organizado, tienen su origen en Estados Unidos. Por ejemplo, el narcocorrido nació en Texas a principios del siglo XX, y la mayoría de las bandas que cantan “corridos alterados”, radican en el país norteamericano. Incluso muchos de sus “compositores” viven allá, y es justamente en California donde nace la primera compañía de discos que grabara lo que hoy se conoce como “movimiento alterado”. 

En relación a la televisión y sus series, las compañías productoras que generan contenidos relacionados con la “narcocultura” son norteamericanas. Gaumont Television, Univision y Netflix son algunas de ellas. Las dos primeras, en conjunto con la plataforma de streaming han creado dos de las series más populares: “Narcos” y “El Chapo”.

Netflix acaba de anunciar la cuarta temporada de la serie “Narcos”. En ella se trasladan de Colombia a México para relatar la vida del “Chapo” Guzmán; y por si no fuera suficiente, la misma plataforma tiene otra serie contando la vida del mismo capo. Es decir, dos de las series más populares- la del “Chapo” en México está entre las 10 más vistas- hablan sobre el mismo narcotraficante. ¿No es esto una apología?

Incluso la serie de “Narcos” logró algo que no había ocurrido antes con las series de televisión: que mundialmente fuera vista en su idioma original, el español, y los subtítulos se leyeran en inglés. Esto habla de la trascendencia, por no decir curiosidad, que hay a nivel mundial por conocer la vida de los narcos.

El problema es que se presenta desde una idea muy romántica. Claro, quienes producen todos estos contenidos no viven en países donde el narco ha atacado violentamente. Por ejemplo, en la serie de “El Chapo”, éste aparece como un mexicano, campesino sin futuro que tuvo que ingeniárselas para salir adelante y convertirse en alguien poderoso, que delinque por culpa del sistema. Una especie de Robin Hood mexicano, como también se ha presentado a Pablo Escobar ente los colombianos, que les quita a otros poderosos y es benévolo con ¿el pueblo?

No está mal que existan estos programas, pero en el tratamiento que le dan a las series, algo más parecido a la telenovela, el narco es presentado como alguien bueno y dejan de lado el hecho de que se está hablando de asesinos y criminales en potencia. Esto termina por generar una empatía con el delincuente. Y si a esto le sumamos la crisis actual de las instituciones y de las fuerzas del orden en Latinoamérica, no es difícil que los narcotraficantes se vuelvan héroes de televisión, y en las calles muchos queriendo ser como ellos. Quién quita y un día les hagan también a ellos su serie, ¿no?


 

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