Ser músico en este país

Homero Ontiveros
23 de Noviembre 2018
image

Homero Ontiveros

Hace ya algunos años, me pasaba parte de la noche y la madrugada sentado frente a un sintetizador en la sala de mi casa. Me ponía audífonos y me quedaba sentado por horas practicando algunos ejercicios, pero sobre todo, jugando con ideas y con la idea de hacer mis propias canciones. Ya saben, componerle una canción a ese viejo amor adolescente que te había dejado herido para demostrarle que eras talentosos y que había tomado una mala decisión al dejarte. Vaya ilusión tan importante, la del desamor, pues muchos grandes músicos han aceptado haber comenzado por esa razón a crear.

En fin, probaba unos acordes, algunas melodías, sonidos diferentes y se me iba la vida así: imaginando canciones, mientras cada cierto tiempo mi padre bajaba a la cocina con la excusa de un vaso de agua y la realidad de ver qué carajos estaba haciendo yo de madrugada. Lo escuchaba caminar fuerte, haciéndose notar, y descifraba su preocupación porque se me pasara el tiempo entre unas teclas y unos audífonos. No me lo decía, pero lo percibía.

Pasado el tiempo, el disco “Alma en fuego”, el cual produje junto a Inspector, banda donde toco y compongo gran parte de las canciones, se convirtió en un éxito comercial. Algunas de las canciones ocuparon los primeros lugares en las estaciones de radio del país y se escuchaban hasta por debajo de las piedras. Fue entonces que un día, se acercó mi padre y me dijo: Ahora entiendo lo que hacías todas esas noches y madrugadas en la sala de la casa y frente al teclado. Se refería a eso, a hacer música.

Y es que nadie, o muy pocos parecen entender el lugar que ocupa la música en la sociedad. Ésta es un ente social que transforma sociedades e individuos; el poder que tiene sobre las personas está comprobado científicamente. En todo lo que hacemos hay música, desde el latido del corazón, el ritmo al hablar o al caminar, hasta leer, dormir, comer o hacer el amor. Vaya, hasta para meditar hay quien usa música. No hay lugar en una ciudad donde no haya música, y eso incluye a las iglesias. La música simplemente es una parte fundamental del ser humano.

Pero la música, tal como un ente social, no nace por sí sola, sino que el es músico quien la crea, la origina y la transmite. Gracias al músico, la música existe, y es el público quien la reafirma.  Sin embargo, poco o nada se reconoce la labor del músico. Si antes era uno de los oficios más nobles y respetados, hoy sigue siendo uno de los más ninguneados y lleno de prejuicios. Para muchos ser músicos no es algo serio, ni siquiera es una profesión, más bien les parece un pasatiempo del cual no obtendrán nada significativo.

Es increíble pero todavía hay quien piensa que el músico es una especie de marinero que va de fiesta en fiesta y de exceso en exceso, como si esta condición fuera exclusiva de ellos, y que se vive en la pobreza. La única validación que tiene el músico es si tiene éxito, pero éste, para la mayoría de la sociedad, se traduce en ser famoso. Y es así, en esa poca valoración, que muchos de los músicos en este país no tienen acceso a un seguro, a las prestaciones que indica la ley, a un retiro y una pensión digna. ¿Por qué?, porque en este país, para muchos ser músico no es un oficio o profesión como las demás.

Por eso debe trabajar hasta que el cuerpo le de oportunidad, no hay de otra. No hay una institución como tal que vea por los músicos y los sindicatos que existen no dejan de padecer el mal del sindicalismo nacional. El músico en este país es mal pagado y está desamparado, aunque pague impuestos como los demás.

Entonces uno puede entender cuando algún padre, un amigo o familiar, se preocupa porque quieras dedicarte a la música. Aún y cuando hay mucho qué agradecerles porque son ellos quienes componen, tocan o interpretan esa música que te acompaña y hace que tu vida sea más llevadera. Es tiempo de que veamos a los músicos con la relevancia que tienen para la sociedad y se resignifique lo que es ser músico en este país. Algo mucho más importante que solo amenizar fiestas.


 

Comentarios