Un regalo de vida

Homero Ontiveros
21 de Diciembre 2018
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Homero Ontiveros

Después de haber cumplido 15 años, cada Navidad esperaba tener como regalo un sintetizador Korg M1 o algo similar. Empezaba a tocar en mis primeras bandas y ya no quería tocar con el pequeño teclado Casio que me habían regalado un cumpleaños antes. Pero nunca llegó. Sí hubo muchos regalos, pero no ese teclado.

Lo que sí llegó una Navidad fue un libro de portada blanca, pasta dura y un poco pesado. Se trataba de “El amor en los tiempos del cólera”, novela fundamental del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Al siguiente día ya me estaba sumergiendo en sus páginas y era mi iniciación con el realismo mágico. No puedo decir que haya sido fácil y que leí el libro de una sola sentada porque no fue así. Tardé un poco de tiempo en leer toda la historia porque el estilo de García Márquez era muy descriptivo. Sin embargo, esto no me hizo desistir, sino todo lo contrario. Era una lectura lenta, pero disfrutaba cada avance que hacía y la forma en que la historia se iba descubriendo. Tránsito Ariza, madre de Florentino, se volvió un personaje muy entrañable para mi a pesar de ser secundario.

Años más adelante, y con mi hábito de lectura más desarrollado, llegaría un regalo con forma de libro que influiría de manera muy significativa en mi vida. Era “El libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa, uno de los más grandes poetas que ha dado la literatura universal. Este libro es prácticamente la filosofía de Pessoa, pero en voz de un pseudo heterónimo llamado Bernardo Soarez. Está escrito a manera de diario y trae algunas frases monumentales como “Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, no puedo tocarla”. Este se convirtió en uno de mis libros de cabecera. Me ha acompañado hasta el día de hoy y cada vez que lo abro es como abrir una ventana nueva. Es de los regalos más preciados que me ha dado mi familia en una Navidad.

Un par de años después, también como un regalo, llegó a mis manos un libro que desconocía por completo: “Cartas a un joven poeta”, de Rainer María Rilke. Fue una bomba explotando en mi cabeza cuando lo leí. Se trata de una serie de cartas que Rilke escribe al joven Franz Kappus donde habla sobre la creación artística, la soledad y la vida en general. Se trata de un libro que toca las fibras más sensibles y es imposible no conmoverse al leer las ideas sublimes de Rilke sobre lo que es la creación. Para crear hay que creer.

Y así durante muchos años he recibido libros que han influido directamente en mi forma de pensar y de vivir. Aún los conservo todos con muchos recuerdos, líneas subrayadas, relecturas y notas escritas sobre ellos. Así como a veces se acude a las fotografías para recordar algún momento de nuestras vidas, así también ocurre con los libros porque en ellos nos encontramos y por un momento se convierten en nuestro refugio, ¿quién va a olvidar aquel lugar donde se ha sentido cómodo y seguro? En esas lecturas hay mucho de nuestras vidas.

En estas épocas tan volátiles, donde todo pasa y dura apenas unos instantes, una forma de ganarle el paso al tiempo, una manera de marcar una huella en nuestro camino o en el de alguien más, es a través de un libro como regalo. Es también una forma de hacerle frente a la realidad. ¿Opciones? Hay muchas y muy variadas para todos. Pero de lo leído este año bien podría recomendarles “Cosas que los nietos deberían saber”, de Mark Everett (Blackie Books); “Nada que perdonar”, de JM Servín (Random House); “Perseguir la noche", de Rafael Pérez Gay (Six Barral); “Cuentos Completos”, de Rubem Fonseca (Tusquets) o “Al capone. Su vida, su legado y su leyenda”, de Deirdre Bair (Anagrama), sólo por mencionar algunos.

Así que, si va a hacer un regalo, no deje de lado la opción de regalar un libro. No importa si la otra persona no es una habitual lectora, todos hemos comenzado a leer por algún libro que nos han regalado. Regalar un libro, sin que suene exagerado, se trata de un regalo de vida.



 

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