Tiempos de ceguera

Wasa pa' la Raza Tigres - Daniel Montemayor
21 de Enero 2019
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Wasa pa' la Raza Tigres - Daniel Montemayor

Vivimos tiempos muy extraños en el país. La división política ha hecho que muchos mexicanos proyecten opiniones y creencias que para otros parecieran hacerlo tras ojos vendados. Desinformados, distraídos, tercos, ciegos… sin importar realmente el bando que apoyan.

Algunos soportan sus ideas y decisiones bajo el uso de razón, pero otros lo hacen reaccionando a sus emociones. La única verdad absoluta que podemos conocer, es que esto aplica en todos los niveles socio-económicos del país; quizá del planeta.

Y nuestro lindo y apreciado, aunque a veces desprestigiado, futbol mexicano, no es la excepción. Lo vemos en la pasión que mueve a los aficionados y también en la decisión de quienes dirigen los equipos, las ligas y los mercados.

En Tigres, paradójicamente, comienza a “verse la ceguera”. Por un lado, hay quienes desde hace tiempo detectaron los síntomas y hasta recomendaron medicamentos. Otros, al paso de los torneos, se contagiaron de la misma y por obvias razones nunca vieron que se convertía en epidemia.

A unos los cegaron los buenos resultados, los campeonatos, la época dorada… incluso el miedo de regresar a la oscuridad de la cual salimos avante.

Pero… ¿al "Tuca" qué lo ciega? Si el señor tenía tantos enfrentamientos sin poder ganarle a Caixinha… ¿Por qué jugar a lo mismo? Sin variantes, sin cambios, sin ajustes reales. ¿Será sólo él padeciendo terquedad, falta de vista y juicio? ¿La epidemia es real y aplica a todo su cuerpo técnico? ¿O somos los aficionamos quienes no entendemos?

El sábado pasado, uno para el olvido, nos distrajeron entre fuegos artificiales y bandas de marcha. Con respeto, la afición aguantó 90 minutos de lo mismo; como el enfermo que no reacciona a una medicina que le siguen recetando.

Al silbatazo final, la sonora música de viento nos confirma el amargo momento y muestra un destello de lo que podría ser el resto de la temporada: el abrir de ojos de la afición ante una realidad que no sabemos si entendemos, pero que, al momento, parece ya dejó de pintar como queremos.




 

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